Esteban Reyes
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Este pueblo de labios me honra...

Me puse a pensar un día, en la realidad de mi iglesia, y más que en mi iglesia, en
mi propia vida, en mi propia relación con Dios, en las relaciones que uno va formando
con otra gente, y todo eso lo pensé en el contexto de las palabras de Isaías, en donde
leemos: "Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado" (Isaías 29:13)

Siempre he pensado y he visto, que muchas veces, personas suben al púlpito solo para llenar de palos a la congregación con este texto, y muy pocas veces, he podido ver que haya algo educativo para poder ejecutar. Lo que dice Isaías era un hecho en aquel entonces, y hoy también, pero ese hecho vino precedido de muchas cosas, las cuales también están hoy muy presentes.
Y ahí es donde quiero llegar.

Transigencia o Tolerancia al pecado.
Esto empieza de a poquito. Casi uno no se da cuenta cuando ya tolera el pecado.
Empieza diciendo por ejemplo, "ah, pero si no fue mucha pornografía, fueron solo fotos". Cuando uno tiene ese tipo de actitudes, es muy probable que tiempo después este amarrado a pornografía dura.
Es muy riesgoso caer en ese jueguito de la tolerancia, porque nosotros no somos capaces de fijar los límites. Lo mejor es salir de ahí.

El Pecado favorito
Siempre hay por ahí un pecado regalón, ese que se hizo nuestra costumbre, ese que llevamos dentro, y que paso a formar parte nuestra. Ese tipo de prácticas van arruinando poco a poco la relación personal que uno tiene con Dios. Nos vamos desgastando, nos vamos haciendo inmunes a las palabras de nuestro Señor, porque hay un hábito que esta quitándonos la bendición.

Una relación a distancia con Dios
¿Como es eso?, ¿no que Dios esta en mi corazón?, ¿como una relación a distancia?
He visto algunas películas de factoría hollywoodense, en donde aparecen relaciones a distancia, las cuales suelen no funcionar, por lo mismo. No hay mucho contacto, se pierde la intimidad, se pierde el secreto, se pierde la confianza, se pierde el cariño, y pasan a ser meros conocidos. Eso pasa también con nosotros y Dios. Vivimos una relación a distancia con el Padre, aquel que dio todo. Una relación virtual con él. Creemos, por ejemplo, que leyendo libros cristianos, estamos teniendo comunión con Dios. Leer libros cristianos, aclaro, es de mucha bendición, he sido bendecido mucho (de hecho estoy leyendo "El Ministerio Juvenil Efectivo"), pero pensar que leyendo fomentamos una comunión fuerte con Dios, es otro tema. Eso es precisamente fomentar relacionas a distancia con Dios. Fomentar relaciones fuertes es pasar tiempo con la persona amada, es hablar, tener intimidad, privacidad, tener secretos, cosas en común, cosas que enriquezcan la relación. ¿Tienen tú y Dios secretos en común?

Vivir de experiencias de otros también es tener relaciones a distancia con Dios. Nuevamente digo, he escuchado testimonios que han sido de ultra bendición en mi vida, pero eso no es tener una relación intima con Dios. Lo mismo podría decir de congresos.
En resumen, lo que hace de tu relación con Dios algo fresco y motivador, es el hecho de conocerle, de tener secretos en común, de compartir juntos una visión, de que la relación sea fluida. No te voy a decir que mi relación es la mejor de todas, muchas veces tengo mis bajas, pero lo intento.

También cometo el error de fomentar mi relación con Dios leyendo libros. Obviamente para fomentar tu relación con Dios lee la Biblia, eso es absolutamente necesario.
Cuando vivimos relaciones a distancia nos olvidamos de muchas características de nuestro amado Creador.

El síndrome del hijo prodigo
En ocasiones vamos a "provincias lejanas", a malgastar todo y cuanto Dios nos ha dado. A veces, siendo lideres, caemos en cosas pequeñas, tontas, o inocuas para algunos, pero a veces también nos caemos feo, y deseamos volver, y deseamos salir de eso, y deseamos ser restaurados. Pero al momento de volver a la casa, de tener que volver al Padre, nos ocurre algo muy particular. Sentimos que somos indignos de Dios, sentimos que no valemos nada, sentimos que somos lo peor, y en cierto grado lo es, es Dios quien se apiadó y por pura gracia nos salvó. Pero, nos sentimos indignos, y nos cuesta acudir al perdón. Le armamos el mejor discurso al Padre, "Padre, perdóname, sé que he fallado, tu palabra dice que ...." y nos ponemos creativos. Y por vivir relaciones a distancia con Dios se nos olvida que Dios es misericordia pura. WOW. Que respiro, si no fuera así, ni pensarlo. Creemos que tenemos que darle explicaciones a Dios. Yo no recuerdo a Jesús preguntarle a la mujer adultera decirle "Oye, ¿y porqué pecaste?", "Oye, porqué hiciste eso, haber dame una explicación". Le dio su perdón. "Vete y no peques mas". Es mas, somos nosotros los que a veces, que a nuestros jóvenes les pedimos explicaciones, pero Jesús no. Ese es Jesús, es perdón, es amor, es sinónimo de otra oportunidad, de levantarse, de sacudirse el polvo, de arreglarse la ropa y de ir en búsqueda del objetivo por el cual fuiste llamado. Jesús apenas te ve entrar arrepentido y se tira encima tuyo y te dice "por fin volviste, me tenias preocupado, ven que te voy a lavar, ven que te voy a poner mi anillo, como señal de pertenencia a mi, ven que te voy a cambiar esa ropa".

Que no se malentienda esto, en ningún momento digo, pequemos, porque la gracia de Dios abunda. Comparto plenamente lo que dijo Pablo: "El que practica pecado, se hace esclavo del pecado".

Todos los puntos anteriores, cuando van en contra nuestra, deterioran nuestra relación con Dios, y nuestra relación con Dios llega a convertirse en decir un "Aleluya" por inercia, un "Gloria a Dios", por costumbre.

Cultivemos una amistad fuerte y sincera con nuestro Señor Jesucristo y nos iremos pareciendo a Él, y cada día Él moldeará nuestro carácter y nos guiará en el servicio que espera de nosotros.


Dios les bendiga

Etiquetas: intimidad, amistad, labios, honra