Javier Kaqui Concha Pacheco
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Resumen

Como jóvenes muchas veces por distintas razones nos alejamos de Dios y la Iglesia, una de las principales razones es la influencia que recibimos de nuestro entorno. Es verdad que el mundo ofrece placeres que lucen geniales, pero seguir a Cristo es mil veces mejor.

Contenido

Debo decir que más de una vez me he alejado de la iglesia, y por consecuencia a eso he terminado alejándome de Dios. Hay ocasiones en que he tenido razones que en cierto modo son injustificadas puesto que son razones carnales del tipo “No me quieren en la iglesia” “No me dan oportunidades” etc., pero también han sido otras más “tentadoras, ese tipo de alejamiento comenzó en la universidad y eran del tipo “¿Por qué no puedo emborracharme, ir a carretear y estar con quien yo quiera?”, la tentación era fuerte y gracias a Dios fue superada. Es doloroso cuando uno esta lejos de la presencia, el enemigo impide que nos acerquemos influenciándonos para ello, pero aun así el principal influyente en que nos alejemos de la iglesia y de Jesús somos nosotros mismos.

Cuando uno se aleja de la iglesia comienza a enfriarse, además de eso dentro de nuestros corazones nace un sentimiento de culpa o de dolor que nada lo borra, nada llena el vacío que queda. Para borrar el dolor, para llenar el vacío se prueban diversas cosas, incluso es probable que uno caiga en algo en contra de la voluntad de Dios como tener una relación con alguien no cristiano o refugiarse en diversiones banales, incluso algunos se encierran en depresión y llegan al punto de atentar contra sus vidas.
La última vez que me aleje de la iglesia Dios me hablo a través del salmo 42 y 43, para esta pequeña redacción espero que lean ambos capítulos aunque ahora me centrare en unos versículos específicos:

“¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.
Dios mío, mi alma está abatida en mí;
Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán,
Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.” (Salmo 42:5-6)

El salmista que aquí escribe alguna vez estuvo muy cercano al templo de Dios y al monte de adoración pero por alguna razón que no se especifica se auto desterró (se fue por voluntad propia) hacia los montes de los hermonitas, en donde se quedo a vivir. En ese lugar la gente le preguntaba donde estaba su Dios y además de eso su alma sufría porque estaba lejos, al mismo tiempo el salmista reconocía el hecho que Dios era su salvador, aquel que podía recuperar el gozo en su corazón. El sabía que a pesar de estar lejos, seguía teniendo a Dios y que Dios aun estaba con él, pero aun así el extrañaba estar en su presencia.

Nosotros, los jóvenes, cuando nos alejamos en vez de irnos a las montañas nos refugiamos en otras cosas, tal vez nos dejamos influenciar por el mundo del liceo o la universidad y poco a poco nos enfriamos y a pesar que la pasamos bien, hay momentos de dolor y nuestra alma como que se mueve agitada abatiéndose porque quiere estar en la presencia de Dios, disfrutamos de los placeres del mundo, pero aun así queda el anhelo de gozarse en el amor de Jesucristo.
Para hacer el cuento corto, en el capitulo 43 la historia continúa, el salmista toma la decisión de volver al templo, de volver a Israel, de volver a la presencia de Dios

“Pues que tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado?
¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo?
Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán;
Me conducirán a tu santo monte,
Y a tus moradas.
Entraré al altar de Dios,
Al Dios de mi alegría y de mi gozo;
Y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío. “ (Salmos 43:2-4)

El salmista se dio cuenta que estando entre personas que no eran como él, estando entre los hebronitas estaba sintiendo opresión porque él era diferente, él tenía algo distinto en su corazón, tenia a Dios y por lo mismo muchas veces sus amigos de ahí no lo podían apoyar, entonces se dio cuenta que tenía que volver. Le pidió al Señor su luz y verdad para ayudarlo a volver al altar de Dios, a las moradas del templo y al monte de adoraron, él quería estar con el Dios de la alegría y del gozo y quería una vez más compartir y cantar con alegría.

Cuando nos alejamos, la vida sigue y los problemas de la vida también. Cuando nos llegan los problemas y estamos “fríos” es difícil encontrar consejo porque no compartimos con muchas personas que sean igual que nosotros, cristianos (con esto no digo que no tengas amigos que no sean de la iglesia, pero sí que nuestros consejeros en lo ideal deben entender las cosas del Espíritu, deben tener a Cristo). A veces nos sentimos desdichados y abandonados, ahí es cuando consideramos tal vez ir a la iglesia de nuevo, pero no sabemos si ir o no ir, en esos momentos hay que pedirle fortaleza a Dios, en esos momentos nuestro corazón anhela estar con el Dios de la alegría y disfrutar junto a Él y los demás hermanos de la bendición que es seguir a Jesús. Aun así por mucho que uno sienta ansias de volver es necesario tomar una decisión, la decisión de volver a los brazos de Jesús, la decisión de dejar de enfriarse.

La historia que relata el salmista no termina, no sabemos si efectivamente él se acercó nuevamente al templo o si se mantuvo lejos y continuó sufriendo, lo importante es que se dio cuenta que debía acercarse, esperemos que lo haya hecho. La cosa es que cuando nosotros estemos alejados y nuestra alma este abatida, ¿Qué vamos a hacer? ¿Seguiremos auto-desterrados o decidiremos volver?

Debemos tener presente que Jesús quiere compartir con nosotros y una vez que nos acercamos a Él, Él perdona todos los errores que hayamos cometido, es el mejor amigo que podemos tener ;)
Muchos de nosotros tal vez siempre hemos ido a la iglesia, pero esto no significa que no nos alejemos, cada vez que tranzo con el mundo entregándome a sus costumbres estoy alejándome de Dios y del propósito que tiene para Su iglesia, en otras palabras podemos identificar si estamos cerca y si estamos cumpliendo el propósito de evangelizar y seguir la buena voluntad de Dios frente a nuestro entorno de una manera muy fácil, planteándonos la siguiente pregunta y respondiéndola sinceramente “¿Estoy influenciando o estoy siendo influenciado?”. Si estas influenciando al mundo positivamente, pues genial, sigue haciéndolo. Pero si el mundo te esta influenciando a ti, entonces es tiempo de volverse a Dios y pedirle fortaleza, no es tiempo de sentirse culpable ni nada, es tiempo de poner manos a la obra. Todos necesitan de Dios y Dios te escogió a ti para estar en tu curso y predicar la Palabra, Dios te escogió a ti para vivir en esa población, Dios te escogió a ti para tener ese grupo de amigos, Dios te escogió a ti para ir a aquella iglesia, Dios te escogió a ti para estar en tu familia, Dios te escogió a ti para estar en ese trabajo, etc. Pues ahora comienza a impactar vidas ;)